Gifts for Living 100: The Emptying of Self

English Transcript

The Emptying of Self

Usually, daily life becomes part of the divine therapy and God sends into it different difficulties, trials, challenges, invocations so that we may have a role to play which challenge the genuineness of our interior experience during prayer. So, if we were a little too fond of the bright side or the consolations, we face the fact here in circumstances that don’t give us the opportunity to get there or we have different responsibilities that are now very significant like raising a family or some apostolate of some kind or some service of humanity and now you’re in relationship with other people who have egos that are not as willing to give themselves up as yours is. So how to relate to all these things? It challenges in all the practical and diverse ways humans have to prepare for, because this is not a privatized journey or a magic carpet to bliss. It’s a preparation for true life in the fullest sense of the word in which when the marriage takes place we’ll be able to be available for God’s loving attentiveness and to have the courage to engage in similar trials that Jesus had, and the saints had, and the sages had. In other words, we need to be dragged through the dust of this world with this great desire for solitude or at least to enjoy periods of retreat that are not available anymore because of circumstances or at least as much as they were.So, this is the exercise in spiritual detachment and this spiritual detachment can get very intense in the Night of Spirit, which is supposed to be shorter than the Night of Sense. But it seems to me that when this is being done in the world, they both may need to be longer because the intensity of the divine action is diffused in some degree by great difficulties, although external difficulties as St. Teresa points out are the beginning of the Seventh Mansion that she describes are normal aspects and may increase the interior trials or challenges of the Night of Spirit. So, by this time, the soul, at least in the Christian journey, is recognizing that it’s being lifted by God and is reliving or re-expressing the mysteries of Christ in various ways according as he wants to do this in our particular uniqueness or lifetime.Father Carl: This is quite fascinating, solitude to interior stillness, you know, the interior silence, stillness and the consent to nothingness which is really the consent to everything.Yes, this nothingness doesn’t really exist, but it’s a disposition to let go of all possessive attitudes, especially the ego. There’s a secret reassurance in the kenosis or nothingness, and I think this is perhaps one of things that distinguishes Centering Prayer as a method is it starts off with kenosis which means the emptying of self, first of the thoughts as the primary manifestation and then of attitudes and then of being itself. So, it’s not just nothingness or emptiness, if you use that word, it’s the emptying of the self in order to let God come in. And so there’s a confidence that this nothingness, as painful as it might be at times in the Night of Spirit is also opening, it’s also aware that it’s going to know something, and in the cloud of unknowing it’s the letting go of everything because you know you can’t know it and then you start to know it but from a different place, from love rather than any conceptual apparatus.It starts you out in the contemplative direction and in the essence of the transformative process which is death to self as we know it and the birth of the true self, which turns out to be in a very real sense the birth of the Word within us, as in the case of the Blessed Mother. That’s why she’s such an example for catechumens of how to be a Christian. Basically, the essence is to bring forth, to birth the Word of God in us as she did, a different mode of course and intensity, but it’s the same movement of transformation or love.

El Vaciamiento del Yo

Usualmente, la vida diaria se vuelve parte de la terapia divina, y Dios nos envía diferentes dificultades, pruebas, desafíos, invocaciones, de modo que tengamos un papel que jugar que desafíe lo genuino de nuestra experiencia interior durante la oración. Así que, si estamos demasiado apegados al lado luminoso o a los consuelos, aquí nos enfrentamos a esto, en circunstancias que no nos dan la oportunidad de estar ahí, o tenemos diferentes responsabilidades que son ahora muy importantes, como cuidar de una familia o tener algún tipo de apostolado o servicio a la humanidad, y ahora estamos en relación con otras personas que tienen egos a los que no están tan dispuestos a renunciar como nosotros lo estamos. ¿Cómo relacionarnos con todo esto? Nos desafían en todas las diversas maneras prácticas para las que los seres humanos debemos prepararnos, porque esta no es una travesía privada o una alfombra mágica hacia la felicidad. Es una preparación para la verdadera vida en el sentido más pleno de la palabra en la que, cuando el matrimonio ocurre, podremos estar disponibles para la amorosa atención de Dios, y tener el coraje de enfrentar pruebas similares a las que enfrentó Jesús, y también los santos, y también los sabios. En otras palabras, necesitamos ser arrastrados por el polvo de este mundo con un gran deseo de estar solos, o al menos de gozar de periodos de retiro que ya no están disponibles debido a las circunstancias, o al menos no tanto como lo estaban.Por lo tanto, este es un ejercicio en desapego espiritual, y este desapego espiritual puede volverse muy intenso en la Noche del Espíritu, que se supone que es más breve que la Noche de los Sentidos. Pero me parece a mí que cuando estas tienen lugar en el mundo, ambas pueden necesitar ser más extensas, porque la intensidad de la acción divina es en alguna medida más difusa debido a las grandes dificultades, aunque las dificultades externas, como señala Santa Teresa, son el comienzo de la Séptima Morada. Ella explica que son aspectos normales y puede que aumenten las pruebas interiores o desafíos de la Noche del Espíritu. Llegado este punto, el alma, al menos en la travesía cristiana, está reconociendo que está siendo levantada por Dios y está reviviendo o volviendo a expresar los misterios de Cristo, de diferentes maneras, según desee hacerlo en su particular cualidad única o período de vida.Padre Carl: Esto es muy fascinante - de la soledad a la quietud interior, tú sabes, el silencio interior, la quietud y el consentir no ser nada, que es en realidad el consentir todo. Si esta nada realmente no existe, pero es una disposición a dejar ir toda actitud posesiva, especialmente el ego. Hay un secreto consuelo en la kenosis o nada, y creo que es quizá una de las cosas que diferencia la Oración Centrante como método, dado que comienza con la kenosis, que significa el vaciamiento del yo, primero de los pensamientos como manifestación primaria, y luego de las actitudes, y luego del ser mismo. Por lo tanto, no es sólo nada o vacío, si usamos esa palabra. Es el vaciamiento del yo para dejar entrar a Dios. Y por eso hay una confianza en que esa nada, por dolorosa que sea en la Noche del Espíritu, también se está abriendo, es consciente también de que va a saber algo, y en la nube del no saber es un dejar ir todo, porque sabemos que no podemos conocerla, y luego empezamos a conocerla, pero desde un lugar diferente, desde el amor en vez de cualquier construcción conceptual.Nos inicia en la dirección contemplativa y en la esencia del proceso transformador, que es la muerte para el yo tal como lo conocemos y el nacimiento del verdadero yo, que resulta ser, en un sentido muy real, el nacimiento de la Palabra de Dios en nosotros, como en el caso de la Santísima Madre. Es por eso por lo que ella es un ejemplo tan importante para los catecúmenos respecto de cómo ser un cristiano. Básicamente, lo esencial es hacer nacer la Palabra de Dios en nosotros como lo hizo ella – un modo diferente en intensidad – pero es el mismo movimiento de transformación o amor.