Gifts for Living 101: The Four Fruits of Centering Prayer

English Transcript

The Four Fruits of Centering Prayer

Now we take a quick look at some of the fruits of this. The first is solidarity with all that exists especially other human beings. But also, oneness with nature, the planet Earth, and all creation. And a sense of the basic equality of all creatures as nothing in compared to God or as brought forth by the love of God out of nothingness into some participation in the life cycle. In the case of humans, the invitation is absolutely extraordinary including in the life cycle the divine life itself so far as that’s possible.Then the next one is willingness to serve. The sense of being equal to all and the servant of all. The next fruit is total self-surrender and receptivity. The fullness of forgetfulness of self in periods of pure awareness. So now we’re speaking of stages that are beyond the Night of Spirit that involve the bride–bridal mysticism. And the next one might be called simplicity–the communion and oneness with all reality and the now, unity with the ultimate reality and all that exists. Everything is now seen to be sacred or that God is all in all as Paul puts it. So now the third eye has been fully opened so it sees God everywhere and in everything and everything in God. So, Mary Magdalene is the symbol of this level of love and that’s why she was chosen as the ‘apostle of the apostles’ of the resurrection, according to some mystics.So, this is the state when beyond the spiritual marriage that gradually develops through what might be called the Night of Self, for lack of any other term being proposed, in which God’s absence is God just as much as his presence. In other words, it’s so close that there is no way of distinguishing psychological states from, or they’re being able to separate it, or as Paul puts it “nothing can separate us from the love of Christ”—no events, nor our own weakness. And our own powerlessness becomes the vehicle in which the divine strength and energy can manifest itself to the full, according to St. Paul’s experience.It’s interesting that Paul describes his nothingness or his experience of it, after his extraordinary experiences of heaven and the third heaven and hearing things that he couldn’t repeat, in other words, considered by some exegetes to be one of the greatest experiences of God since he can’t express anything. And he says he’s been up to the third heaven whatever that may imply. Anyway, he then points out that to prevent his becoming elated, God sent him this thorn of the flesh which seemed to interfere with his ministry and certainly with his peace of mind. And he prayed with very great vigor to be delivered and God’s response was, “My grace is sufficient for you. My power is made perfect in weakness.” So, what that says about the divine therapist, isn’t it? Seems to me. God is more concerned that we don’t get inflated by the good things than he is about any spiritual accomplishments, even the greatest apostolates that Paul was engaged in. So, everything flops if we start attributing to ourselves what is absolutely gratuitous.So, to become a channel of God’s grace, as St. Francis prayed in his prayer ‘make me an instrument of your peace,’—the challenge is part of this advancement or this bridal union and beyond. But it’s the beyond that is the ultimate stage in which is manifested in the lives of the Beguines, who I think went beyond the Cistercians, in recognizing that the bridal mysticism is a preparation for further development of Christian life in which God is the major motivator of all of the actions in the individual and they participate in whatever part of Christ’s mystery he may wish them to bear, including the descent into hell. So that the very advanced soul may also be participating in the lowest possible degree of psychological enjoyment of it, as Christ did on the cross in moments when he felt abandoned by God.So, the post-spiritual marriage is whatever God wants it to be. And as it develops, if it develops, it seems that beyond being a channel, there is still a further possibility of just plain allowing Christ to live in us, as Paul puts it, “I live now not I, but Christ lives in me.” Not just casually or occasionally but all the time, so that he is being incarnated you might say, in us. And through us is able to bring all of the riches and benefits of the actual incarnation in the person of Jesus into our time and place or wherever in the world that the spiritual energy is being generated and communicated. So here is the level of the maximum of the transmission of the divine life.

Los Cuatro frutos de la Oración Centrante

Ahora miramos brevemente algunos de los frutos de esto. El primero es la solidaridad con todo lo que existe, especialmente con otros seres humanos. Pero también el ser uno con la naturaleza, el planeta Tierra y toda la creación, y un sentido de la esencial igualdad de todas las criaturas, que no son nada comparadas con Dios, o que son creadas por el amor de Dios de la nada, participando de algún modo en el ciclo de la vida. En el caso de los seres humanos la invitación es absolutamente extraordinaria, ya que incluye en el ciclo de la vida a la misma Vida Divina, en la medida en que es posible.El siguiente es la disposición para servir; el sentido de ser igual a todos y servir a todos.El fruto que le sigue es la total entrega de sí mismo, y la receptividad, el completo olvido de sí mismo en períodos de pura conciencia. Así que ahora estamos hablando de etapas que están más allá de la Noche del Espíritu, y que se refieren a la novia, al misticismo nupcial. El siguiente podría llamarse simplicidad – la comunión y unidad con toda la realidad y con el ahora, la unidad con la realidad Última en todo lo que existe. Ahora todo se considera sagrado, o que Dios es todo en todo, como dice Pablo. Ahora el tercer ojo se ha abierto totalmente así que ve a Dios en todas partes y en todo, y a todo en Dios. María Magdalena es el símbolo de este nivel de amor, y es por eso por lo que fue elegida como “el apóstol de los apóstoles” de la resurrección, según algunos místicos.Este es el estado que, más allá del matrimonio espiritual, se desarrolla gradualmente por medio de lo que podríamos decir la Noche del Yo, a falta de otro término que se proponga, y en el que la ausencia de Dios es Dios tanto como su presencia. En otras palabras, es tan cercano que no hay manera de distinguir estados psicológicos, ni se pueden separar, o, como dice Pablo, “nada puede separarnos del amor de Cristo” – ningún evento, ni nuestras propias flaquezas. Y nuestra propia impotencia se convierte en el vehículo en el que puede manifestarse plenamente la fuerza y la energía divinas, como lo experimentó San Pablo.Es interesante que Pablo describe el ser nada o su experiencia de ello luego de sus extraordinarias experiencias del cielo y el tercer cielo y de haber escuchado cosas que no podía repetir, en otras palabras, considerada una de las más grandes experiencias de Dios por algunos exégetas, ya que no podría expresar nada. Y él dice que ha estado en el tercer cielo, lo que sea que esto signifique. De todos modos, luego señala que, para evitar que se sintiera exultante, Dios le mandó una espina en su carne, que parecía interferir con su ministerio y ciertamente con su tranquilidad de espíritu. Y San Pablo oraba intensamente suplicándole que se la quitara, y la respuesta de Dios fue “Mi gracia te basta. Mi poder se perfecciona en la debilidad.” Esto nos dice algo, entonces, del terapeuta divino, ¿no es así? Me parece a mí que a Dios le preocupa más que no nos volvamos más presuntuosos de las cosas buenas que lo que el lo está de cualquier logro espiritual, aún si sin los apostolados más significativos, como el de Pablo. Todo fracasa si comenzamos a atribuirnos lo que es absolutamente gratuito.Para convertirse en canal de la gracia de Dios, como oraba San Francisco, ‘hazme un instrumento de tu paz’ – el desafío es parte de este avance o esta unión matrimonial y más allá. Pero es ese más allá lo que es la última etapa - que se manifestó en las vidas de las beguinas, que creo que fueron más allá de los cistercienses al reconocer que el misticismo nupcial es una preparación para un mayor desarrollo de la vida cristiana en el que Dios es el principal motivador de todas las acciones del individuo, y participan en cualquier aspecto del misterio de Cristo que Él podría querer que soportaran, incluyendo el descenso al infierno. De modo que el alma más avanzada puede también participar en el grado más bajo posible de vivencia psicológica, como Cristo lo hizo en la cruz en los momentos en los que se sintió abandonado por Dios.El matrimonio post espiritual es lo que sea que quiera Dios. Y a medida que se desarrolla, si se desarrolla, parece que, más allá de ser un canal, hay aún una posibilidad más, la de permitir simplemente que Cristo viva en nosotros, como lo expresa Pablo, “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí.” No de forma casual u ocasional, sino todo el tiempo, de modo que él se encarna, podríamos decir, en nosotros. Y por nuestro intermedio puede brindar todas las riquezas y beneficios de encarnación en la persona de Jesús en nuestro tiempo y lugar, o donde sea en el mundo que la energía espiritual está siendo generado y comunicada. Por lo tanto, he aquí el nivel de máxima transmisión de la vida divina-